• Viste cómodo.

No lleves pantalones excesivamente ajustados, no lleves botas o calzado de caña alta, procura tampoco llevar ropa que al ser quitada genere molestias. Véase jerseys muy gruesos o americanas a las que tengas un especial cariño. Por el contrario puedes hacerte con una sudadera cómoda o un jersey fino que te permita sobrevivir al vuelo. Si añades al pack unas gafas de sol, tendrás la ventaja de no lidiar con luces potentes cuando menos te lo esperes.

  • Come con moderación, es tu responsabilidad.

La comida en las alturas no sabe igual que en tierra firme. El ambiente seco y presurizado de los aviones hace que nuestro gusto no funcione igual, así que no te preocupes del todo por el menú y preocúpate de la cantidad y la digestión. Descarta comidas grasas y abundancia de hidratos, apostando por carnes magras y pescados acompañados de frutas, ideales para mantener la hidratación. Tú y tus vecinos, agradeceréis la decisión. Ah y mejor no beber, que eso nos deshidrata más.

  • No confíes en las películas del avión.

O hazlo, pero que sea bajo tu responsabilidad. Una tablet bien cargada de películas, juegos y algún libro será todo lo que necesites para estar entretenido mientras no estés durmiendo. Procura que lo que hagas te enriquezca ligeramente, así que no dejes tu elección a la aerolínea de turno.

  • El espacio, ese amante ingrato.

Maximizar el espacio viajando en clase turista es una odisea. Por eso te recomendamos que recurras a gadgets inflables como almohadas para mantener la altura de la cabeza de manera correcta sin cargarte tus cervicales. Algo que seguro agradeces cuando llegues y que hará que no necesites Reflex a la mañana siguiente.

  • Desconecta sin miedo.

Raros son los aviones que incorporan wifi, al menos de momento. Así que procura no trabajar en las horas que vuelas (salvo que sea algo fundamental). Aprovecha este remanso de paz al que añadir auriculares de calidad que insonoricen bien y un pequeño antifaz para la hora del sueño, no vaya a ser que a la aerolínea se le pasara.

  • Reconéctate cuando aterrices.

El mundo real ha vuelto y sigue girando, así que va a ser difícil que te espere mientras se te pasa la ‘resaca’ del vuelo. Complejos vitamínicos con ginseng, guaraná o algo de cafeína pueden ayudar a despertarte sin temores. Además debes volver a hidratarte para que tu cuerpo vuelva a ponerse en marcha. Aprovecha cada despertar como una mañana nueva, aunque luego sólo estés cinco horas despierto. A tu cuerpo le sentará bien.

Fuente: Robbreport

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